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miércoles, abril 17, 2024

Murió Horacio Malvicino, el guitarrista histórico de Astor Piazzolla

  • Tenía 94 años y era uno de los pioneros del jazz moderno en Argentina.

El guitarrista entrerriano Horacio Malvicino, considerado uno de los pioneros del jazz moderno en la Argentina y quien fue miembro de las distintas formaciones de Astor Piazzolla, murió a los 94 años, según informó esta madrugada la Academia Nacional del Tango.

“Acompañamos a su familia y amigos en este momento de honda tristeza para todos”, expresó a través de un comunicado la entidad, para despedirse del músico que lo largo de su vida tocó tango, jazz y bossa nova, y compartió proyectos junto a músicos de la talla de Leopoldo Federico y Daniel Binelli.

Malvicino fue arreglador y director, escribió para obras musicales en televisión, fabricó jingles, musicalizó películas y acompañó a conjuntos de ritmos diversos y de tango. Si bien lo suyo fue el jazz, género que lo acompañó durante toda su carrera, la llegada de Piazzolla a su vida cambió su destino.

“El que mejor comprendió todo lo que yo escribí es Horacio Malvicino”, dijo alguna vez Piazzolla hablando de sus guitarristas. “Tal vez yo era el más tanguero y el más jovato, tenía un poco de calle”, replicó Malveta, que lo acompañó en el innovador uso de la guitarra de jazz en el tango y fue parte del Octeto Buenos Aires, el Quinteto, el Conjunto Electrónico y su último grupo, el Sexteto.

El guitarrista entrerriano llegó a Buenos Aires en los ’40 para estudio Medicina. Llegó hasta 5º año, pero su familia ya no pudo “mandar los 150 pesitos para la pensión y los libros”, recordaba Malveta. Tuvo que abandonar, le mandaron la guitarra y salió a recorrer bares. También vendió diarios y pasó hambre, hasta que pudo vivir como músico.

“Aunque comencé y seguí tocando jazz, el tango que tiene mugre siempre me gustó mucho. Y tocar la música de Astor es simplemente una maravilla”, recordaba el entrerriano sobre su relación con El Tano, como llamaba a Piazzolla.

El bandoneonista y compositor lo descubrió en 1955 en el Bop Club, que los lunes poblaba de bohemia y talento la sede porteña de la YMCA. “Allí nos íbamos entreverando con Lalo Schifrin, Chivo Borraro, Enrique Villegas y hacíamos un conciertito de dos o tres horas, que no producía un mango, por pura afición”.

Horacio Malvicino, el histórico guitarrista de Piazzolla. Foto: APHoracio Malvicino, el histórico guitarrista de Piazzolla. Foto: AP

Cuando Piazzolla se presentó, después de escucharlo, y le propuso sumarse al nuevo grupo que estaba en sus planes, el Octeto Buenos Aires, Malvicino se llevó una sorpresa: “Casi me desmayo, porque yo lo conocía de mucho antes. Yo estudiaba Medicina (nunca llegué a recibirme) y me iba con el guardapolvo doblado en cuatro a escucharlo en el Tango Bar… Me parecía mentira que estuviera ahí diciéndome que se le había ocurrido poner una guitarra eléctrica, lo cual en esa época era un riesgo de vida, que pudiera improvisar”.

“Así empezamos. Nos reunió a todos los muchachos en el Electra, un restaurant de Callao y Bartolomé Mitre, donde en esa época paraban todos los músicos, para repartir las partituras unos días antes de empezar a ensayar, cosa que no se estilaba. Pero claro, cuando vi esos pentagramas entendí: había tal cantidad de notas que cada uno tuvo que prepararse en su casa una semana”, recordaba.

Las audacias del Octeto Buenos Aires, entre las cuales la presencia de Malvicino no era la menor, encontraron resistencia, cuando no desdén. “Nos dijeron de todo, nos tiraron cuanto objeto hubo a mano. Un grupo de ocho o diez seguidores venía a todos los conciertos. Del resto, nada. No tuvimos suerte pero insistíamos. Además nos divertíamos mucho. Viajábamos una vez por semana a La Plata, para actuar en Radio Provincia, en una camioneta alquilada manejada por el Tano. Salíamos a las ocho de la mañana y pasábamos a buscar a todos los muchachos”.

Disuelto el Octeto Buenos Aires, Malveta El Tano se reencontraron en el primer Quinteto de Piazzolla. “Desde el primer disco tuvo mucho éxito, no sé si porque se habían ablandado los oídos o los conceptos, pero la gente ya aceptaba las obras de Astor. Fue todo un movimiento el de dar la música a conocer. Ha dejado un repertorio fuera de serie”, contaba.

Dentro de sus anécdotas juntos, Malvicino recordaba: “La primera vez que fuimos a tocar a Francia paramos en un hotel rantifuso, nos daban dos mangos pero había que hacerlo, nos recibían en la Embajada y cuando nos sentábamos por ahí teníamos que esconder los pies porque teníamos los zapatos rotos en un costado. Con el tiempo cambió todo, recorrimos muchas veces Japón, Europa, los Estados Unidos, siempre con alegrías. Astor llamaba a casa y le decía a mi mujer: ‘¿Querrá venir, Malveta?’ ¡Y cómo no iba a querer!’“.

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