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jueves, febrero 29, 2024

Fue a cuatro hospitales, subestimaron los síntomas y la operaron 13 días tarde: el desamparo de emigrar sin red

  • Carolina Camaño trabajaba de moza en Playa del Carmen.
  • Internada en terapia intensiva, los costos rondan los 100.000 dólares.
  • Sus padres vendieron el auto y recurren a la solidaridad.

Es otoño en el hemisferio norte y Carolina Camaño, cordobesa, 31 años, trabaja de moza desde hace un par de semanas en un bar de Playa del Carmen, en México. Le va bien, disfruta de sus días frente al mar y, sobre todo, se entusiasma con la idea de ahorrar en dólares las propinas que recibe de los turistas. Parece una rutina dulce, gratificante, un buen plan para evitar el vértigo de una Argentina siempre al borde del derrumbe. Pero todo cambia el domingo 26 de noviembre: al atardecer, cuando está por terminar su jornada de ocho horas, de pronto Carolina se descompensa.

Desde el bar le cuentan por teléfono la situación al mejor amigo de la joven, Nicolás Mohn, cordobés como ella y con quien comparte el alquiler del departamento donde viven.

Nicolás, peluquero, llega al parador con Manuel, su pareja. Carolina no está bien, sufre convulsiones y no puede mover las piernas. La llevan en ambulancia al Hospital General de Playa del Carmen. “Ahí los médicos nos dijeron que Caro había tenido un episodio de estrés postraumático. Según ellos, en medio del mareo Caro les había contado que vio un cadáver sobre la arena, cerca del bar donde trabajaba”, cuenta Nicolás desde México.

Para estabilizar a la joven, en el Hospital le dan un ansiolítico y un analgésico. Y le aplican suero. Cinco horas después, la mandan de vuelta a su casa. Pasan dos días. Carolina duerme mucho y no come nada. Y le sigue doliendo la cabeza.

Carolina Camaño está en terapia intensiva luego de ser operada por un aneurisma.

El miércoles 29 de noviembre, cada vez más angustiados de ver que su amiga no mejora, Nicolás y Manuel deciden llevarla al consultorio de una farmacia cercana. El médico que la revisa les dice lo mismo que en el hospital: que Carolina había sufrido un episodio de estrés postraumático. Y les receta un medicamento para controlar la migraña.

Playa del Carmen queda en la Riviera Maya.Playa del Carmen queda en la Riviera Maya.

Carolina sigue mal. De madrugada, otra vez la llevan al Hospital General de Playa del Carmen. Vuelve a sufrir convulsiones y la acuestan en una camilla. Para hacerle una tomografía la trasladan en ambulancia al Hospital Playa Med. De ahí, para verificar si lo que habían encontrado era un tumor o si se trataba de un accidente cerebro vascular, la derivan al Hospital Joya, donde le hacen una segunda tomografía. En ese centro de salud le diagnostican un aneurisma “del tamaño de una pera”, según comparan los especialistas. Deciden que hay que operarla con urgencia.

Como el Hospital Joya no tiene los recursos necesarios para una intervención quirúrgica, el miércoles 6 de diciembre trasladan a Carolina en ambulancia a una clínica privada de alta complejidad, el Centro Médico de las Américas, en Mérida, a unos 300 kilómetros de Playa del Carmen. En el recorrido por la ruta la acompaña Juan Pablo, de 40 años, hermano mayor de la joven, que había llegado a México tres días antes.

La cirugía se realiza el sábado 9 de diciembre, 13 días después de la primera descompensación. Como el ACV le provocó serias dificultades para respirar, le hacen una traqueotomía. Desde ese día, Carolina permanece sedada en terapia intensiva.

Juan Antonio Camaño, el papá ded Carolina, es jubilado.

“La situación está muy complicada”, cuenta desde Mérida el papá de la joven, Juan Antonio, jubilado, ex operario de la fábrica Renault. A los 62 años, para llegar a fin de mes también trabaja de remisero. “La recuperación puede llevar semanas, meses, un año…”, agrega Juan Antonio, sin perder la entereza.

Para poder viajar a México junto a Mónica, su mujer, también jubilada, Juan Antonio vendió su auto, un Chevrolet Prisma 2014. El matrimonio llegó a Mérida el domingo 17 de diciembre. “Como mi hijo Juan Pablo ya no podía quedarse allá por sus obligaciones laborales (trabaja en Córdoba en una empresa constructora), vinimos nosotros”, aclara Juan Antonio. Y agrega: “Fue mi primer viaje en avión”.

A Carolina la puede ver “un ratito” tres veces por día. Ella está dormida. “Si le toco la frente puede hacer un pequeño parpadeo, pero no mucho más”, sigue Camaño.

Las donaciones como recurso

Para cubrir los gastos de la operación, la internación y los traslados, la familia Camaño necesitará como mínimo, unos 100.000 dólares. “La operación costó 20.000 dólares. Y cada día de internación en terapia intensiva son 2.800. En principio nos dijeron que iban a ser 21 días, pero ya llevamos más… “, detalla Juan Antonio. Y profundiza: “Por ahora recaudamos unos 26.000 dólares. Entre amigos, vecinos y personas que se solidarizaron sin conocernos, llegamos a los 16.000 dólares. Y nuestros parientes, otros 10.000”.

-¿Cómo planean recaudar lo que les falta?

-Dependemos de la ayuda de la gente… Vamos a seguir organizando rifas de picadas, parrilladas, fernet, turnos en la peluquería… Los datos para los que quieran colaborar están en Instagram, en Todos por Caro Mx. Ahí publicamos los números de las cuentas bancarias de mis hijos y de amigos.

La familia y los amigos, movilizados.La familia y los amigos, movilizados.

Entre tantas obligaciones, los Camaño recibieron una mano grande de Valentino, un cordobés “de unos 70 años” que vive desde hace más de 30 en Mérida y les prestó una casa para que pudieran vivir un tiempo cerca de Carolina.

Lo conocieron en la clínica. Los primeros dos días, Juan Antonio y su mujer durmieron ahí, en los bancos de la sala de espera. “Al tercer día se acercó este señor, que también tenía un pariente en terapia intensiva, y empezamos a hablar… Entonces nos dijo que, con el consentimiento del dueño, nos podía dar la casa que le cuidaba a una persona que vive en los Estados Unidos. Para ahorrar, los primeros días en la clínica sólo comíamos sándwiches. Pero Valentino se enteró y también nos está dando comida. Se lo voy a agradecer toda la vida”.

En busca de un futuro mejor

Del barrio San Vicente e hincha de Belgrano, Juan Antonio trabajó en la industria automotriz “hasta la crisis del 2001”, cuando fue despedido, y a partir de ahí se las arregló con su remís. “Soy jubilado de la Nación y cobro la mínima…”, señala con resignación.

Juan Antonio y Mónica tuvieron cuatro hijos: Juan Pablo; los mellizos Ariel y Vanesa, de 37; y Carolina, la menor. “Vanesa nos dio tres nietos”, explica él, y le cambia el tono de voz: se emociona. “Siempre fuimos una familia austera, sin grandes lujos, pero feliz”.

Después de terminar el secundario, Carolina empezó a cursar el profesorado de Educación Física, pero lo abandonó cuando ya había aprobado las primeras materias. Cambió de rumbo. Hizo el curso de azafata y, como no conseguía trabajo, hace ocho meses decidió ir a “probar suerte” a Playa del Carmen, motivada por la invitación de su amigo Nicolás Mohn, que se había radicado en la Riviera Maya un año antes.

“Para celebrar en familia las Fiestas y su cumpleaños 32, que fue el 26 de diciembre, Carolina tenía previsto volver a Córdoba en las últimas semanas de 2023”, detalla Juan Antonio.

-¿Qué le pareció que su hija se radicara en Playa del Carmen?

-Bien, en ningún momento pensé que le podía pasar algo así. La Argentina está difícil… Mi hijo Juan Pablo tiene trabajo en Córdoba, pero mi otro hijo, Ariel, también se fue a probar suerte a Israel…

Narcos al acecho

Playa del Carmen es un balneario del estado de Quintana Roo, en la Riviera Maya, centro turístico de la Península de Yucatán. En los últimos años, allí se han vuelto muy frecuentes los crímenes vinculados al narcotráfico. El 25 de enero de 2022, Federico Mazzoni, de 47 años, cordobés que trabajaba como gerente del parador Mamita’s Beach Club, fue asesinado de tres balazos en el baño del complejo: los dos atacantes escaparon por el mar en una moto de agua.

En junio de 2023, la Policía detuvo a Raúl Z, alias “Comandante Oso”, uno de los sospechosos del crimen, que según los investigadores se produjo por la disputa del territorio para la venta de drogas al menudeo.

Meses atrás, ya habían arrestado a Wilbur U, alias “El Molusco”, y a Luis J, apodado “La Changa”, integrante del cartel narco mexicano “Los Pelones”. Poco después del asesinato del cordobés, que vivía en México desde principios de 2000 y había trabajado como chef en distintos hoteles y restaurantes, el diario El País publicó un informe sobre la violencia en esas playas.

En moto de agua y a toda velocidad: así escaparon los presuntos asesinos del argentino en Playa del Carmen.En moto de agua y a toda velocidad: así escaparon los presuntos asesinos del argentino en Playa del Carmen.

“La explosión turística en el Caribe mexicano fue un invento de los gobiernos del PRI de mediados de los años 70′. Cancún, la primera semilla, fue literalmente una ciudad planeada por la secretaría de Turismo en medio de la selva y las ruinas arqueológicas”, señaló.

“La marca Riviera Maya nació en 1998 por el impulso de la patronal de hoteleros. El auge del Caribe como nuevo destino para el turismo internacional coincidió con la decadencia de Acapulco, el lugar de recreo del jet set de Hollywood hasta los 70′. Por sus playas era habitual ver a Bette Davis, Rita Hayworth o Cary Grant. Acapulco se apagó precisamente por la descomposición social derivada de la violencia política y del crimen organizado. Los empresarios de la Riviera Maya ya comienzan a ver también los fantasmas: ‘Ojalá no nos convirtamos en la nueva Acapulco’”.

Lo primero que se dijo luego de que Carolina sufrió el ACV, fue que había quedado shockeada después de presenciar un asesinato en la playa. Hasta ahora, nadie logró confirmar la versión. Incluso, los diarios de la zona, como Quintana Roo, no publicaron noticias de ningún crimen por esos días. Más tarde, los primeros médicos que trataron a la joven comentaron que ella había visto un cadáver y por eso se empezó a sentir mal. “Sí, es todo muy confuso… No se sabe si Carolina vio un cadáver, si se lo imaginó o si alguien le contó que había visto algo de esas características”, avanza Nicolás Mohn.

En Playa del Carmen son los 20.30, tres horas menos que en Buenos Aires. Nicolás, que acaba de terminar de trabajar como “colorista”, dice que extraña mucho a su amiga porque siempre fueron muy compinches. “Nos conocemos desde los cuatro años. Fuimos juntos al jardín de infantes, al primario (Mariano Fragueiro) y el secundario (Domingo Faustino Sarmiento)… Ella estaba muy contenta con su nueva vida en la playa… Y se sentía muy cómoda en el bar donde la habían contratado”.

-¿Era su primer trabajo en un bar?

-No, ya había estado en otros dos lugares parecidos.

-¿Tenía seguro médico?

-No, por eso tuvimos que organizar colectas para cubrir los primeros gastos de internación y de las primeras ambulancias… Para familias como las nuestras, el dinero que se necesita en estos casos es inalcanzable. No lo conseguimos ni vendiendo una casa.

Nico Mohn, el amigo de Carolina que la acompaña en México. Nico Mohn, el amigo de Carolina que la acompaña en México.

Ataque más que accidente

En octubre de este año, en el cierre del “Primer Foro sobre ACV y su impacto en el sistema de salud argentino”, que reunió a más de 200 profesionales en la Universidad Católica, el neurocirujano Pedro Lylyk señaló: “Hay que dejar de referirse al ACV como ‘accidente cerebro vascular’. Es un ataque. Y de esa manera debe ser abordado”.

En la Argentina, más de 50 mil personas sufren cada año un ACV, que es lo mismo que decir, uno cada nueve minutos. Lylyk, experto de la Clínica La Sagrada Familia, dijo que el ACV no es un accidente porque tiene “causas”, “factores de riesgo” como el tabaquismo, el colesterol, la falta de ejercicio y la presión arterial alta, entre otros.

El especialista también afirmó que, una vez que se produce el ataque, es clave “el tiempo de reacción”: por cada minuto que pasa, el paciente pierde unas dos millones de neuronas. Por eso es muy importante el “circuito de atención”, desde el momento en que la persona siente los primeros síntomas hasta que la trasladan a un centro de salud equipado con los elementos necesarios para abordar este diagnóstico.

Los signos de alarma más habituales suelen ser desviación de la boca, cefalea de inicio súbito, pérdida repentina de visión, dificultad en el habla o falta de fuerza o sensibilidad en brazos y piernas. A veces se subestiman algunos síntomas.

“Con frecuencia las mujeres suelen manifestar síntomas inespecíficos como dolor en el pecho, dificultad para respirar, alteraciones en la atención o memoria, así como síntomas generales como fatiga, náuseas o vómitos. Al presentar estos síntomas no tradicionales, los médicos pueden no identificar la gravedad del cuadro, lo que desemboca en un retraso en la atención”, explicó Andrea Romeo, neuróloga del Hospital Universitario Fundación Favaloro.

El ACV se produce cuando una arteria cerebral se cierra (tipo isquémico) o se rompe (tipo hemorrágico, como le sucedió a Carolina Camaño). A nivel mundial representa la primera causa de discapacidad, y la tercera de muerte. En el foro de la UCA también se sostuvo que, en la Ciudad de Buenos Aires, las ambulancias que asisten un ACV suelen tardar unos 8 minutos en arribar a un domicilio y 40 para llegar al centro de salud.

Héctor Canales, director de la Región Sanitaria XI del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, dijo que “hay una gran inequidad en el Conurbano”. El especialista aseguró que cuentan con un móvil cada 50 mil habitantes y que faltan profesionales. Y esa inequidad se comprueba en que sólo entre el 5% y el 7% de los que sufren un ataque cerebrovascular en la Argentina recibe un tratamiento adecuado.

El apoyo que no llega

Florencia Chincuini, que también vivió un tiempo en Playa del Carmen, utiliza su cuenta de Instagram para actualizar los gastos del tratamiento de Carolina, de quien se considera muy amiga. En la misma red social, Juan Pablo Camaño, hermano mayor de la joven, se mostró muy agradecido con las donaciones que recibió su familia. “Caro sigue luchando por su vida porque ustedes fueron quienes le dieron esta segunda oportunidad. Su atención personalizada tiene un valor imposible de solventar para cualquier familia trabajadora”, publicó.

¿Al Gobierno mexicano le corresponde ayudar de alguna manera a Carolina? Marina Romano, abogada de la familia, sostiene que debería aplicarse la “reciprocidad, un principio fundamental en el derecho internacional”, y las autoridades mexicanas tendrían que “amparar” a la joven.

Por ahora los Camaño tampoco recibieron apoyo del Gobierno argentino. “Nos comunicamos con una tal Ana, de Cancillería, que nos preguntó por la salud de Carolina pero no quedamos en nada en concreto…”, describe Juan Antonio, sin perder las esperanzas de que lo contacten de nuevo.

-¿Por qué no trasladaron a su hija a la Argentina?

-Porque los médicos nos dijeron que, por la gravedad de la situación, Carolina no está en condiciones de soportar el viaje en un avión de línea. Nos hace falta un avión sanitario.

-¿Hasta cuándo piensa quedarse en Mérida?

-Yo me vuelvo mañana a Córdoba (por el jueves 28 de diciembre). La que se va a quedar en México es mi señora. Ella estará con mi hijo Ariel, que llega por estas horas… Preferiría seguir acá con Carolina, pero no me queda otra que hacerlo así, para abaratar los costos.

Juan Antonio habla bajo desde un pasillo de la terapia intensiva de la clínica. La charla se interrumpe abruptamente: “Te tengo que cortar, disculpame… Me están llamando para entrar a ver a mi hija. Primero la vio mi mujer y ahora me toca a mí. Entramos de a uno. Todos los días vengo con la ilusión de hablarle y que ella se despierte”.

Ahora es el viernes 29 de diciembre. Otra vez en Córdoba, después de haber tomado un avión en Cancún con escala en Panamá, Juan Antonio sigue en contacto “permanente” con su esposa y así se mantiene al tanto de la evolución de su hija. “Estar lejos se hace más difícil”, comenta.

-¿En Córdoba vive solo?

-¿De dónde saca las fuerzas para pelear en tantos frentes?

-De mis otros hijos, de mis primos, que son muchos y siempre están a mi lado… Además, si bien no voy a la Iglesia, soy creyente, y tengo mucha fe de que vamos a salir adelante.

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