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lunes, diciembre 11, 2023

El plan de Macri detrás de Milei, y la dualidad de Massa

  • Por qué la suerte de Juntos por el Cambio está echada.

“La Argentina es un cementerio de hegemonías”, suele describir el politólogo e historiador Natalio Botana. La implosión de Juntos por el Cambio es un ejemplo más de fuerzas amalgamadas para ganar una elección, que subsistieron unos años pero cuyo defecto fue moverse al ritmo de liderazgos unipersonales: le ocurrió a la Alianza UCR-Frepaso entre radicales y peronistas y la conducción de Carlos “Chacho” Alvarez, a la transversalidad del Frente para la Victoria con peronistas y radicales bajo el mando de Néstor Kirchner; a las varias alianzas hizo y deshizo Elisa Carrió; y ahora a la coalición del PRO, radicales y lilitos, con el manejo de Mauricio Macri.

No se trata de un frente de partidos que funcionan institucionalmente y en base a propuestas, como ocurre en Uruguay y en Chile, más allá de nombres propios. Aquí los nombres propios son los que arman y desarman.

“Juntos por el Cambio se rompe, el tema es cómo”, resume un referente del espacio que agoniza. El irremediable final rupturista está atado a dos posibles escenarios. En el primero, Macri va a cogobernar un futuro gobierno de Javier Milei, en caso de que el libertario gane el balotaje del 19 de noviembre. Lo que escindirá la coalición nacida en 2015.

Lo mismo ocurriría en caso contrario, si el vencedor es de Sergio Massa. Macri y Patricia Bullrich abandonarán el espacio o buscarán establecer una oposición acérrima, un anti-massismo, sin votarle una sola ley. Pero ni los radicales ni el sector moderado del PRO -Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal- lo aprobarán. Ergo, salvo que Macri se llame a silencio o se retire de la política -algo muy poco probable-, no habrá chances de revivir la coalición.

Si bien el detonante de la partición de JxC fue la derrota en la elección que dejó tercera y lejos a Bullrich del balotaje, el proceso ya estaba en la mente del expresidente como un Plan B.

El Plan de Macri

El lunes 23 de octubre, horas después de los comicios presidenciales, Macri plasmó ante dirigentes de su riñón su estrategia. Acompañado por Fernando de Andreis, lo escuchaban e interactuaba con Jorge Macri, Hernán Lombardi, Néstor Grindetti, Jorge Triaca, Pancho Cabrera, Guillermo Dietrich y Cristian Ritondo.

“Ya se perdió, la idea es volver al 2007, al PRO puro, explicó uno de los asistentes. El nuevo objetivo era barajar y dar de nuevo; sacarse de encima al radicalismo y a la Coalición Cívica, y volver al origen del PRO, cuando esa nobel fuerza empezó a gobernar en 2007 la Ciudad. El renacer amarillo ahora estará en manos de Jorge Macri, primo del ex mandatario.

“¿Por qué Jorge le tiene que dar un lugar en el gobierno porteño a los Lousteau o a Carrió?” se preguntaba otro de los asistentes.

Usando como base el distrito porteño, Macri apostó una ficha al triunfo de Javier Milei. Todos buscaron ocultarlo para que no luzca como un acuerdo por cargos, pero en la reunión se habría hablado de la posibilidad de que en un eventual gobierno del libertario, el Ministerio de Justicia sea ocupado por Germán Garavano; el de Seguridad, por la propia Bullrich; y la presidencia de la Cámara de Diputados, por Ritondo. Algunos también suman a la Cancillería. Dicen que Milei aceptó, pero acordaron decir que no hablaron de cargos.

No fue casual que al día siguiente en una entrevista, el propio Milei haya elogiado la política exterior del gobierno de Macri, y a Bullrich por su “exitosa” gestión en el Ministerio de Seguridad.

Para los radicales, no hay vuelta atrás. Salvo Luis Petri, el resto de los boinas blancas que acompañaron a Bullrich son orgánicos y no van a discutir la neutralidad adoptada por el partido.

“Estratégicamente tenemos que ser oposición. Hay algunos gobernadores radicales que ven que Milei ganó en su provincia, entonces la gente en la calle le pide aliarse con él pero la dirigencia radical le dice lo contrario. Entonces prefieren hacerse los boludos”, asume un referente de la UCR.

En el larretismo creen que hasta que no se defina la elección y cada uno deba decir dónde está parado, no habrá ruptura formal. Aseguran que no acompañarán la estrategia de Macri de comenzar todo de cero con el PRO en la Ciudad, sin la UCR y la CC. “Horacio no está a esta altura para un partido vecinal”, aseguraron cerca de Larreta.

La lectura de Massa

Sumergido en la pelea diaria de desdoblarse no sólo entre ministro y candidato presidencial, sino también entre ser parte responsable de la inflación y la falta de combustibles, y a la vez generador de expectativas de que un gobierno suyo cambiará la triste situación de un gobierno del que es parte fundamental, Sergio Massa es consciente que creció con los nuevos votantes que no sufragaron en las PASO.

En su entorno saben que no sumará fácilmente a radicales al gabinete, pero reserva los principales lugares. No tienen dudas que el titular de la Aduana Guillermo Michel podría ser su Jefe de Gabinete, pero prefieren esperar por si deben negociar ese puesto; Juan Manuel Olmos tiene un lugar reservado que bien podría ser la Secretaría General de la Presidencia; Leandro Madcur y Marco Lavagna también están en la lista para ocupar un puesto en un área económica; Leandro Santoro podría recalar en Turismo y Deporte; y se habla de Micaela Ferraro, actual funcionaria de segunda línea de Desarrollo Social, para manejar esa cartera.

Persisten dudas, aunque todos dan por hecho que Martín Redrado y Roberto Lavagna tendrán algún rol clave en una eventual administración massista.

Transcurrida una semana, el equipo de Massa admite que la elección será cabeza a cabeza, pero se muestran confiados. Interpretan que el apoyo de Macri y Bullrich a Milei, si bien le suman al libertario votos duros macristas de quienes siguen al expresidente, creen que “Milei pierde electorales de su propia tribu”.

Incluso, en el massismo se arrogan la idea de que, como muchos dirigentes de la provincia de Buenos Aires y de otros distritos que componen las listas de La Libertad Avanza son peronistas, serán ellos los que administrarán una suerte de sangría de esos dirigentes que en los próximos días empezarán a irse del espacio libertario con la excusa del rechazo al acuerdo con Macri.

La duda que persiste es si el antikirchnerismo profesado por Macri y Bullrich para argumentar el apoyo a Milei tiene su correlato en el candidato de LLA. ¿Qué tan antikirchnerista es en esencia Milei y la composición de su fuerza, si precisamente fueron Cristina Kirchner y el propio Massa quienes lo promovieron y buscaron darle volumen político para quitarle votos a Juntos por el Cambio?

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