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jueves, febrero 29, 2024

El infierno de los migrantes que arriesgan su vida en la selva para llegar a los EE.UU.

Cifra récord: en 2023, más de 500 mil personas cruzaron a pie la región del Darién, selva entre Colombia y Panamá, con la ilusión de llegar a los Estados Unidos. Sobre qué alertan Médicos Sin Fronteras a los migrantes y cómo un fotógrafo español los retrata en momentos dramáticos.

Quienes han sabido atravesar la región del Darién –un área selvática y pantanosa de cerca de cinco mil kilómetros cuadrados que separa Colombia de Panamá– normalmente la describen como un infierno. Lo extraño sería que no lo hicieran.

Cruzar esta densa y asfixiante región implica, ante todo, jugarse la vida. La falta de una ruta formal entre ambos países da piedra libre al camino improvisado, al rebuscarse como se puede (si es que se puede). Estrechos caminos, despeñaderos, ríos picados y crecidas que te empapan en el mejor de los casos, y ahogan en el peor, dan forma al mito de la selva a la que nadie quiere adentrarse.

El “tapón” del Darién, como vulgarmente se lo conoce, difícilmente sea el destino de unas vacaciones de ensueño. Aún así, para cuando concluya el año, más de medio millón de personas lo habrán cruzado a pie. Lo habrán hecho como parte de extenuantes travesías que pueden durar entre dos días y dos semanas, dependiendo de la suerte y los obstáculos de turno. La pregunta que surge parece tan obvia que casi no vale la pena formularla: ¿por qué alguien habría de querer cruzar el Darién? La cruda respuesta es que se trata de un paso obligado hacia los Estados Unidos y que el “sueño americano”, aunque un tanto devaluado, sigue sonando mejor que la pesadilla del presente con la que a diario conviven tantos migrantes.

Separando Colombia de Panamá, América del Sur de América Central, y a los que no tienen nada de un hipotético futuro mejor, el Darién se ha convertido hoy en el escenario de la crisis migratoria más grande de la región. De 133 mil migrantes que lo surcaron en 2021 se pasó a 248 mil en 2022 y ahora, en 2023, la cifra supera los 500 mil. El aumento es solo proporcional a los crecientes peligros de la zona, una situación sobre la que ONG’s y otros actores llevan tiempo alertando.

Travesía familiar. El paso puede durar de 2 días a 2 semanas.Travesía familiar. El paso puede durar de 2 días a 2 semanas.

¡Danger!

Precipicios, mordeduras de animalespicaduras de insectos y crecidas de ríos son algunos de los principales peligros que presenta la selva, enumera Carmenza Gálvez, coordinadora médica del proyecto Colombia-Panamá para Médicos Sin Fronteras, ante la pregunta de Viva. Los riesgos asociados al terreno podrían parecer suficientes para desalentar a los más valientes, pero no son los únicos: los migrantes también se enfrentan a lo peor de otra naturaleza, la humana.

Las personas que cruzan el paso del Darién en su viaje hacia el norte se exponen a todo tipo de vejaciones por parte de delincuentes: ataques, robos, secuestros y violencia sexual. Este último delito en particular tiene la triste fama de estar en ascenso. A lo largo del año, MSF ha visto más de 400 casos de agresiones sexuales, lo que Gálvez no duda en calificar como “una emergencia médica”.

“La violencia sexual debe ser tratada en las primeras 72 horas del evento, por eso llamamos la atención sobre este tema. Siempre está el riesgo de adquirir infecciones, incluso VIH, por lo que es muy importante poder atender a las personas de manera oportuna”, explica. Además, los flujos migratorios a través del Darién son constantes, por lo que es difícil poder asistir a todos aquellos que lo necesitan. A fecha de hoy, diciembre, un mes de “temporada baja” en comparación al resto del año, un promedio de mil personas por día buscan cruzar el Darién.

La violencia sexual entre migrantes debe ser tratada en las primeras 72 horas del evento. Está el riesgo de adquirir infecciones, incluso VIH.

Carmenza GálvezMédica

Súmese a esto factores como el miedo, el desconocimiento y la prisa por salir lo más rápido de la selva, y uno podrá ver el desafío al que se enfrentan los médicos y organizaciones humanitarias. Salvar una vida es más un milagro que algo seguro. Los médicos suelen tener una ventana de hasta 24 horas para atender a los viajeros, y las oportunidades de promover educación en salud son virtualmente nulas.A pesar de todo, el Darién no disuade: la cifra de migrantes que han cruzado la selva ya equivale a más del 11% de la población de Panamá, según los datos más recientes. La mayoría de ellos son venezolanos, seguidos por ecuatorianos y colombianos, pero se han registrado más de 100 nacionalidades que se animaron a la selva, muchas de ellas de Asia y África.

Peligro. El cruce de la selva implica mordeduras, picaduras y violaciones.Peligro. El cruce de la selva implica mordeduras, picaduras y violaciones.

Lo que tienen en común todos ellos es un historial de violencia y malas condiciones en sus países de origen.“Las situaciones son muy complejas en los lugares de los que estas personas vienen: están sometidas a inseguridad, extorsiones, economías precarias y falta de servicios”, dice Gálvez. A su vez, las medidas de restricción que buscan imponer los gobiernos para evitar los cruces por la selva se quedan cortas. La crisis no tiene precedentes y las organizaciones humanitarias acusan que no se vuelcan ni la suficiente atención ni los recursos para proteger a los migrantes.

Estas personas están sometidas a inseguridad, extorsiones, economías precarias y falta de servicios.

Carmenza GálvezMédica

Esperanza y desconocimiento

Así como comparten los mismos dolores, los migrantes persiguen una ilusión común: la ilusión de que una vida mejor les aguarde en el norte. Con los años, las organizaciones no gubernamentales han visto cambiar el perfil de las personas que cruzan el Darién (antes la mayoría eran hombres jóvenes solos; ahora se ven más familias), pero no los motivos para hacerlo. La única alternativa que encuentran a su realidad parece ser guardar todo en una mochila, decir adiós a su antigua vida y lanzarse a lo desconocido.Sin embargo, no todos son conscientes de los riesgos que esta tarea supone.

Fila india. Un detalle en las espaldas: los flotadores por si hay crecidas.Fila india. Un detalle en las espaldas: los flotadores por si hay crecidas.

Tal como ocurre en tantos otros ámbitos de una vida cotidiana cada vez más mediatizada, el Darién también se ha convertido en blanco de fake news y datos engañosos. Fogoneados por las redes sociales y el boca a boca, los improvisados planes de muchos migrantes se topan con realidades para las que es difícil estar preparado.“Mi percepción es que hay mucha desinformación. Hay gente que llega a Panamá y cree que arribó a Estados Unidos. Hay poca preparación para el viaje y eso nos preocupa”, lamenta Gálvez. Muchos creen que alcanzarán Norteamérica caminando, sin tener en cuenta pasos marítimos, la hostilidad del terreno y el riesgo constante de ser robado y maltratado.

Hay mucha desinformación. Hay gente que llega a Panamá y cree que arribó a Estados Unidos.

Carmenza GálvezMédica

Para la coordinadora de Médicos Sin Fronteras, los casos más chocantes son los de separación de personas, una situación tristemente repetida.

En mayo, todas las alarmas se encendieron cuando una madre perdió de vista a su hijo de ochos años mientras atravesaban uno de los ríos del Darién. Ambos estaban siendo transportados en pequeños botes a motor cuando aquel en el que iba el niño colapsó, dejando a los pasajeros a la deriva e indefensos ante el riesgo de una crecida. Todo parecía augurar el peor desenlace, pero la suerte quiso que no fuera así: el pequeño fue rescatado y madre e hijo pudieron reencontrarse al final de ese mismo día, ante el alivio de los presentes. Un milagro en el Darién, de los que hay pocos.

Y después de la selva, ¿qué viene?

Muchos esperan encontrar del otro lado docenas de campamentos humanitarios donde aguardan comodidades, algo que Gálvez se apresura a desmentir. “No hay la capacidad de asistir a tanta gente”, asegura. Tampoco hay redes de agua y saneamiento, por lo que las enfermedades se esparcen a sus anchas. “No hay servicios básicos, por eso hacemos un llamado a los gobiernos para que organicen rutas y presten recursos adicionales”, agrega la experta.

“No hay servicios básicos, por eso hacemos un llamado a los gobiernos para que organicen rutas.

Carmenza GálvezMédica

Así y todo, quienes atraviesan la selva rara vez parecen regresar, a pesar de describir la experiencia como un calvario (si bien sufrido, ya tacharon otro país en el largo sendero de hormiga hasta la tierra de las oportunidades). Es justamente esta fe ciega en que el esfuerzo valdrá la pena lo que más llamó la atención del español Juan Carlos Tomasi. Como fotoperiodista especializado en temas de migración y desplazamientos de población, Tomasi lleva más de 20 años colaborando con Médicos Sin Fronteras.

Juan Carlos Tomasi. El fotógrafo español registró situaciones extremas en el río.Juan Carlos Tomasi. El fotógrafo español registró situaciones extremas en el río.

Por su lente han pasado crisis humanitarias en todos los rincones del mundo, desde las inundaciones en Mozambique hasta el desolador desierto de Etiopía, pasando por las tensiones fronterizas entre Serbia y Hungría. Para sus retratos del Darién, Tomasi pasó tres semanas en el tapón al que todos temen, codo a codo con los migrantes.

La tarea no fue sencilla: el fotógrafo cita la presencia de mafias y carteles como una de las principales amenazas que hay en las inmediaciones de la selva, la cual abarca el departamento de Chocó (Colombia) y la provincia del Darién (Panamá). En ocasiones, los pacientes de MSF han contado a los equipos de la organización que hombres armados secuestran a grupos de migrantes y les roban el dinero, diciéndoles que ése es el costo de pasar por la selva.

A pesar de toda su experiencia acumulada a la hora de obtener la foto justa en los momentos más complicados, Tomasi se sigue sorprendiendo con cada nuevo llamado: todas las crisis son distintas.

“Lo que me di cuenta en el Darién es el poder fundamental de la palabra para entrar en la piel de las personas”, cuenta a Viva. “Al hablar castellano no hay filtros como cuando usás traductor, lo que hace que nazca una empatía natural”.Para muchos de los que cruzan, el proceso migratorio ya viene de antes, por lo que están exhaustos al arribar a las puertas del Darién.

“Durante el camino nos hemos encontrado con padres, madres y niños que venían desde Santiago de Chile, Quito, o Lima viajando en bus hasta la selva. Es brutal”, puntualiza Tomasi. Pero lo que muchos de ellos comparten, además de similares heridas e historias de exclusión, es la confianza de que hallarán una salida a sus dramas.

Durante el camino nos hemos encontrado con padres, madres y niños que venían desde Santiago de Chile, Quito, o Lima.

Juan Carlos TomasiFotógrafo

Tomasi lo define como una creencia muy latinoamericana en que Dios proveerá: juntar todas las esperanzas y lo poco material que se tiene en una mochila, y animarse. El resto, irá llegando. Antes de partir desde Necoclí, Colombia, el último paso previo a adentrarse al tapón, hombres, mujeres, niñas y niños rezan.

“Es algo muy fuerte, una esperanza en la vida fundamentada en una experiencia religiosa. Me quedé helado”, cuenta.Lo que también hiela a uno es la hilera humana sin final que se ve en la selva: más de dos mil personas la atraviesan a diario en los meses de mayor actividad, cargando mochilas, sacos de dormir, agua y comida. Escalan cerros y cruzan, aún sin saber nadar, nueve veces por el río hasta llegar a la frontera con Panamá.

Selva pura. La más inhóspita naturaleza no amedrenta a los migrantes decididos.Selva pura. La más inhóspita naturaleza no amedrenta a los migrantes decididos.

Y, a pesar de lo extenuante de cada jornada, ninguno se negó a las fotos de Tomasi, quizás buscando que su historia sirva de ejemplo de perseverancia. “Trabajo en esto hace 40 años y puedo confirmar que nadie me dijo que no. Nunca en mi vida tanta gente me había aceptado”, cuenta el fotoperiodista.

¿Es esta receptividad una desgracia o una bendición? Uno podría ver la empatía con el retratado como una manera de acercarse más a lo que se quiere captar, pero también como un arma de doble filo. ¿Dónde termina la labor del fotógrafo y cuándo entra en juego el impulso de ayudar al otro? ¿Se puede soltar la cámara y meter manos en el asunto?

Para el reportero español no existe tal dicotomía: antes que fotógrafo, es una persona de carne y hueso. “Yo trabajo para una organización humanitaria; la fotografía es solo un arma que me permite llegar al interior de las personas”, afirma con seguridad. “Me puedo permitir el lujo de dejar las cámaras y ayudar a la gente. Y me encanta hacerlo.”

Me puedo permitir el lujo de dejar las cámaras y ayudar a la gente.

Juan Carlos Tomasi Fotógrafo

Respeto y dignidad

Tomasi no edulcoró su estadía con los migrantes. Al igual que ellos, viajó ligero (el equipo fotográfico indispensable, poca ropa, unas botas, un libro) y conoció los peligros a los que se enfrentan. Meterse en el barro no era una opción sino una condición innegociable. También lo era preservar la dignidad de los migrantes en cada fotografía que les tomara.

“Cualquier persona que aparece en la foto debe tener su dignidad intacta, a pesar del contexto en que se los retrata. Eso solo se consigue con respeto”, explica. Algunas máximas acompañan su modus operandi: mirar a las personas a los ojos y pedirles permiso antes de apretar el botón. Solo cuando se ha establecido este contrato entre ambas partes, ahora sí, la magia del flash puede ocurrir.

Salud para niños. La responsabilidad de los médicos pasa por que los migrantes lleguen sin enfermarse.Salud para niños. La responsabilidad de los médicos pasa por que los migrantes lleguen sin enfermarse.

Tomasi denomina “tesis” a aquello que separa a una simple imagen de una fotografía. Es recién cuando se ha trabajado días, o incluso meses, alrededor de una idea y se reflexiona sobre el valor de lo retratado que se puede hablar de una fotografía propiamente dicha. Solo de esta manera un reportaje visual puede agitar algo dentro nuestro, dice, y superar el efecto adormecedor de la sobreinformación.

“Es difícil de conseguir”, admite. Acostumbrado a ver imágenes de tragedias a diario, la empatía del público parece cada vez más un bien escaso e inaccesible. A pesar de ello, Tomasi y su tesis de que se puede vencer a la apatía dan pelea.

“Se trata de enseñar lo que veo y motivarte a que te bombee el corazón. Nosotros tenemos la suerte de hacer lo que nos gusta; somos privilegiados. Pero hay millones que vagan por ahí en busca de algo mejor”, afirma. “Si puedo conseguir que te pongas en su lugar, gran parte de mi trabajo está hecho.”

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