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sábado, febrero 24, 2024

Daniela, la chica de “la angustia en el pecho que no se va” por el delito más aberrante

  • Tiene 28 años y denunció a su padrastro por haber abusado de ella desde los tres años. Ahora vive en EE.UU.

Daniela vive en Estados Unidos. Dice que “todos los días” pelea “por estar mejor”, por dejar atrás un pasado que la atormentó. La enoja “muchísimo” la “impunidad” que atravesó su historia y, también, su presente.

Hace unos meses fue al cine. Vio una película, “Sonidos de la Libertad“, y sintió que era su momento. “Realmente me shockeó mucho y pensé: ‘Ya es hora, ahora sí tengo voz, estoy grande. Ahora tengo personas que me apoyan‘. Esa fue mi motivación para poder decirlo, primero, en redes sociales. Yo creía que si las exponía, al menos iba a tener justicia social”, le dice a Clarín desde su casa en Norteamérica.

La respuesta la impactó: no sólo recibió el apoyo de sus seguidores y de otras víctimas de abuso, sino que también la contactaron familiares y personas de su entorno que habían sido víctimas del mismo hombre. Y eso la impulsó a alcanzar el siguiente nivel.

En noviembre viajó durante tres semanas a Buenos Aires para impulsar una denuncia judicial y lograr lo que no logró cuando era niña: “Tal vez ahora la gente me escuche y me crea“, pensó.

En redes sociales

Todo empezó en una casa de Sarandí, en Avellaneda, al sur del Conurbano. Daniela Pini vivía con su mamá, Leila (47). En ese entonces la mujer había formado una nueva pareja con un hombre llamado Néstor (50). Desde ese momento, Daniela vivió lo que describe como una “tortura”.

Cuando tenía 3 años, mi progenitora decidió ponerse en pareja con un hombre que tenía 28 años, llamado Néstor Fabián Ciompela. Hicieron de mi vida una mierda. Y no solo la mía, sino la de todos los que me rodeaban“, empezó a relatar Daniela en un video que compartió en sus redes sociales y al que tituló “No me callo más“.

La chica denunció a su padrastro por abuso sexual en la infancia y a su madre por encubrimiento.La chica denunció a su padrastro por abuso sexual en la infancia y a su madre por encubrimiento.

Pasé 10 años siendo abusada todas las putas noches de mi vida y en todas las oportunidades que tuvo durante los días. Hubo varias varias personas que de alguna manera se dieron cuenta, se enteraron, alejaron a sus hijas, pero no hicieron nada al respecto conmigo“, cuestionó.

Daniela le advirtió a su mamá “en siete oportunidades” de los abusos de los que era víctima, sin que ella interviniera para ayudarla.

Mis recuerdos del jardín y la primaria nunca se van a ir de mi cabeza. Trabajo cada día de mi vida para poder superar un montón de traumas y heridas que dejaron en mí. No sólo fueron ellos: también toda la gente que lo vio, que lo supo y que miró hacia otro lado y no dijo nada. Toda la gente que cuando yo lo denuncié a los 12 años, no hizo nada. No se puso de mi lado. Todos esos policías que me dijeron ‘mmm, no podemos hacer nada’ y lo dejaron libre“, objetó.

La primera denuncia

Cuando entraba en la adolescencia, Daniela se animó a ir a una comisaría y denunciar a su abusador. La acompañaron su madre, su padre y una tía. Fue sometida, sin ningún tipo de protocolo de contención, a pericias médicas traumatizantes que todavía recuerda. No le creyeron.

Después de eso, su mamá la echó de su casa.

En ese momento, al tratarse de una niña, la Justicia requería que la denuncia fuera ratificada por un adulto, según lo establecía el Código Penal. Como su madre protegía a su abusador, no lo hizo y la causa fue archivada.

Nadie, ni la Policía, ni la Justicia, ni los organismos de niñez intervinieron para rescatar a Daniela de su calvario. Tampoco a otros niños y niñas de la familia que siguieron bajo la tutela de sus abusadores.

La modificación del Código Penal recién se alcanzó en 2018 y significó que los delitos contra la integridad sexual de los niños, niñas y adolescentes sean de instancia pública

¿Qué quiere decir? Que cualquier persona puede denunciar y la Justicia, a través de sus dependencias, está obligada a investigar -sin importar si se ratifica o no la denuncia- y el Estado, a través de los organismos de niñez de cada jurisdicción, está obligado a brindarles protección.

Daniela no tuvo acceso a ese derecho y por eso su denuncia fue archivada.

La causa hoy

La joven acompañó su testimonio expuesto en redes sociales con una presentación judicial. Hace diez días, a través de su abogado Matías Morla, mandó un escrito a la Fiscalía General de Lomas de Zamora pidiendo que desarchiven la denuncia y que reabran la investigación, radicada en 2008 en la comisaría de Avellaneda.

Como no tuvieron respuesta, presentaron una nueva denuncia en la Fiscalía General del Departamento Judicial de Avellaneda-Lanús, ámbito donde se cometieron los delitos.

Daniela Pini, junto a su abogado Matías Morla.Daniela Pini, junto a su abogado Matías Morla.

“La historia de Daniela nos conmovió en el estudio. Porque si bien tenemos mucha experiencia en casos de abusos, en el de ella en particular se suma la complicidad de su madre con el abusador. Su mamá no ratificó la denuncia que Daniela se animó a hacer cuando era una adolescente y ese fue un golpe muy duro para ella. Hoy la estamos acompañando en este proceso buscando que ella tenga justicia”, dijo Morla.

Además, explicó que, amparados en la Ley Piazza, que modificó los plazos de prescripción de los delitos de abuso sexual en la infancia, realizarán una nueva denuncia.

“Hay mensajes, charlas, textos de WhatsApp que confirman los abusos. Familiares y personas que tenían vínculos directos con la familia y con Daniela dan cuenta de ese calvario que vivió. Nosotros pudimos bajar esos mensajes y mediante una escribana pública los certificamos para acompañarlos en la denuncia”, indicó Morla, para quien “la madre tiene la misma responsabilidad que su padrastro”.

“Siempre creí que nadie le iba a dar importancia a lo que yo dijera, pedí ayuda durante 11 años. Hice la denuncia y no pasó nada. Creí que no iba a pasar nada”, lamenta Daniela.

Y reprocha: “Me enoja muchísimo la impunidad, que nunca me hayan escuchado, cuando hablaba de mí o de que veía a otras personas que también eran víctimas de lo mismo. Ellos tienen familias nuevas, él tienen hijos nuevos con una mujer de mi edad. Ella se casó. Tienen vidas nuevas, estables y todos nosotros, que fuimos abusados por él, estamos con tratamiento psicológico”.

Daniela Pini, con su marido, en Miami.Daniela Pini, con su marido, en Miami.

Daniela tiene una “angustia en el pecho” que no puede sacar. Dice “que no se va”, que lo contó tantas veces como le fue necesario pero que, esta vez, con un poco de justicia, espera liberarse de esa presión.

“Espero justicia por mí y por todas las personas que vivimos en esa casa, por las personas que se quedaron a dormir, por los que tenemos un millón de traumas por lo que nos hicieron”, confiesa la joven. Y cierra: “Espero poder cerrar un capítulo de mi vida, siempre fue una carga enorme, una angustia horrible en el pecho que no se va. Necesito que este dolor que se vaya de mí. Quiero mi vida normal, como tienen ellos. Quiero y necesito justicia”.

EMJ

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