Laura y Enrique prefieren el anonimato para contar su historia. El próximo 28 de noviembre viajarán de Mar del Plata a Buenos para sumarse al seminario de la Asociación Civil Swinger Libre de Argentina (ASLA)
En una calle de Mar del Plata, lejos del bullicio veraniego y los faros turísticos, Enrique y Laura se toman fuerte de la mano antes de subirse a un auto de aplicación. Esta noche marca el inicio de un viaje que, aunque silencioso, los atraviesa por completo. La pareja decidió incursionar en el mundo swinger.
La primera vez swinger
La primera vez que el deseo rompió las fronteras convencionales no fue planeada. Una cena entre amigos, sobremesa prolongada, devino en cruce de miradas singulares.

Enrique se suma, casi como si deseara revertir esa noche en miles de recuerdos:
Nadie más lo mencionó. Pero algo había cambiado. El silencio posterior encendió la vida sexual de la pareja. “Mejoró el sexo entre nosotros. Desde ese momento, tuvimos encuentros mucho más apasionados”, aporta Laura sin rodeos.
Un paso en falso en Mar del Plata
El siguiente paso los llevó a una discoteca de Mar del Plata, la ciudad costera donde viven y donde, según datos de la Asociación Civil Swinger Libre de Argentina (ASLA), se concentra el 12% de toda la comunidad swinger del país. Una noche de invierno, los dos se vistieron de gala, subieron a un auto y pasaron el trayecto entre silencios tensos y manos entrelazadas, protegiéndose del temor de cruzarse a algún conocido. El miedo a la exposición era tan concreto que, antes de bajar del auto, Laura confesó en voz baja:
—Nos daba miedo cruzarnos con algún conocido. Teníamos miedo que después, por ejemplo, le digan algo a nuestro hijo en el colegio.
Entraron en la discoteca, se refugiaron en un reservado, pidieron cócteles y observaron aquel universo donde los demás se saludaban como viejos camaradas de una sociedad secreta. “Estuvimos todo el tiempo solos. No sabíamos cómo abordar a otra pareja o alguna chica o chico para charlar un rato. Parecía que se conocían todos y a nosotros ni nos miraban”, recuerda Enrique. Aquella noche no hubo acción.

El próximo objetivo de Enrique y Laura es sumar a una mujer a una experiencia sexual. “Eso ya está hablado entre nosotros. Tenemos ganas de ahora hacer un trío con una chica”, anticipa Enrique. La meta última es interactuar con otras parejas, dar pasos medidos y seguros en el mundo swinger, sin saltos al vacío.
Viaje a la “academia swinger”
Ahora, buscan orientación. Enrique, navegando por redes sociales, encontró la publicidad de ASLA, que organiza un seminario especial para quienes desean introducirse en este universo. “Creo que nos pueden dar herramientas para poder interactuar sin problemas con otras mujeres o parejas. De esa manera, no nos vamos a quedar solos mirando la fiesta sentados”, dice el joven. Laura, por su parte, ve en Buenos Aires, el lugar donde se realiza el seminario, una promesa de anonimato y amplitud:
—Creo que en Buenos Aires hay mucha más apertura y variedad de parejas y de edades. Eso nos va a dar un anonimato que en Mar del Plata es difícil de conseguir. En la Capital no es tabú el tema del intercambio de parejas.
Introducción al mundo swinger
El seminario de ASLA tiene fecha y lugar: viernes 28 de noviembre, de 22 a 0 horas, en José Gervasio Artigas 1300, barrio de Flores. Allí, bajo las luces discretas de una “academia swinger”, las parejas asistentes recibirán instrucción y luego compartirán un espacio de charla y eventual intercambio.

Laura ya imagina el ritmo de la jornada: “Nuestra idea es llegar para participar de esa noche y volver tras la fiesta. Otra opción es que nos quedemos en algún hotel de Buenos Aires, si es que sintonizamos con alguna otra pareja”, confiesa optimista.
Detrás de la organización está Germán Magallán, fiscalizador de la agrupación y una de las voces más consultadas por los novatos: “Tenemos consultas de parejas que buscan dar esos primeros pasos en el mundo del intercambio de parejas. Preguntan mucho cómo generar una interacción, cómo abordar a otras personas con una propuesta respetuosa”.
—Parece hecho a nuestra medida. Es justo lo que necesitamos para poder abordar a otras personas con respeto y tener más experiencias en este mundo.
La estructura misma del seminario busca desarmar temores y establecer reglas claras. El módulo 1 de la clase tendrá como objetivo definir las fronteras y límites de la actividad, diferenciando intercambio de parejas y poliamor, gestionando emociones como los celos y elevando el consentimiento como principio rector. El consentimiento es la regla de oro. El seminario insiste en derribar mitos y promover prácticas seguras. Los “profesores” llegan con una experiencia acumulada de dos décadas, y relatan escenarios posibles: desde cómo abordar y dónde, hasta cómo retirarse con elegancia si algo incomoda.

Las discusiones no se quedan en los límites individuales. También habrá alertas sobre los espacios seguros: bares, boliches, círculos reconocidos por la comunidad. Desde ASLA explican que “el objetivo es que cada pareja se lleve todas las herramientas para abordar esta práctica con respeto hacia el otro”.
Cuántos swingers hay en Argentina
¿Quiénes son los nuevos swingers en Argentina? ¿Se parecen a Enrique y Laura? Las cifras que pone a circular ASLA permiten asomarse a esa comunidad que todavía cultiva el anonimato como salvavidas principal. El año pasado, el primer censo del colectivo swinger argentino arrojó una participación de 1.300 personas. Aunque el número real es seguramente mayor —“Muchos prefieren mantener la reserva y el anonimato”, explican desde la organización—, la imagen sirve como radiografía somera.
El relevamiento, realizado en agosto de manera virtual y anónima, mostró una particular geografía de la apertura sexual: el conurbano bonaerense concentra el 45% de los encuestados, seguido por la Ciudad de Buenos Aires con un 14% y Mar del Plata con un 12%. Lugares de tradición más pequeña pero siempre presente son Santa Fe, Mendoza e interior de Buenos Aires (5% cada uno), y después Tucumán y Córdoba (4%). Recién después aparecen pequeñas minorías de Entre Ríos (2%) y de 1% para Salta, Misiones, San Luis, Corrientes y Chaco.

La pirámide etaria llama la atención: el 39% de los swingers argentinos tiene entre 41 y 50 años; el 29% se ubica entre los 31 y 40 años; el 19% va de los 51 a los 60; el 9% ronda los 20 a 30 años; y solo el 4% supera los 61. Algo queda claro: la mayoría elige este camino en la madurez, cuando el deseo ha sobrevivido a la rutina y quiere tomar una forma renovada.
El censo también retrata el tipo de vínculos predominantes: el 66% de la comunidad está conformada por parejas, el 27% por hombres solos, el 6% corresponde a mujeres que participan sin pareja y un pequeño 1% reconoce la figura de triejas. Un mosaico amplio, aunque todavía acotado por las prácticas sociales.
La metamorfosis en la discreción
En las noches previas al viaje, Enrique y Laura imaginan versiones posibles de sí mismos frente al espejo. Laura ensaya el equilibrio entre sensualidad y protección: usará tacos altos y un vestido ajustado, pero cuidará que todo resulte cómodo. Enrique repasa su camisa preferida y busca alguna colonia discreta. “Queremos estar elegantes, pero también cómodos para aprovechar la noche a fondo”, dicen los dos entre risas cómplices. Y Laura remata: “Este tema nos tiene muy excitados y más enamorados que nunca”.
